Susana Claro y la crisis de comprensión lectora en Chile: “En segundo básico, la mitad no llega leyendo palabras frecuentes”

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Un complejo diagnóstico sobre el aprendizaje inicial en las aulas del país expuso Susana Claro, académica de la Universidad Católica y cofundadora de la red Por un Chile que Lee, durante su participación en el programa Influyentes de CNN Chile. En conversación con la periodista Paula Escobar, la doctora en educación advirtió sobre el crítico déficit de lectoescritura en los primeros años de escolaridad y cómo esta brecha hipoteca el futuro formativo y emocional de miles de estudiantes a nivel nacional.

Al analizar la magnitud del problema en el sistema escolar chileno, la investigadora detalló que “en segundo básico, la mitad no llega leyendo palabras frecuentes, incluso que debieran ya estar leyendo palabra en primero básico, y en cuarto básico ya más de la mitad también no está comprendiendo textos que son adecuados para cuarto básico, los que se espera según el currículum que lean en cuarto básico”. Sobre las causas de este fenómeno, descartó que se trate de una caída reciente en los indicadores: “Desde que empezamos a medir, no se ve que se haya retrocedido en cuarto básico, sino que hubo los últimos 30 años un aumento muy pequeño, pero lo que pasa es que siempre estuvimos muy lejos de lo que los mismos académicos decidieron que era una meta adecuada, de qué es lo que deberían leer. Entonces, no es que no hayamos retrocedido, sino que nunca realmente lo hemos logrado”.

Las consecuencias de no adquirir esta herramienta a tiempo impactan toda la vida académica y personal de los alumnos, fenómeno que la especialista ilustró a través del seguimiento realizado a cuatro generaciones evaluadas desde segundo básico hasta la educación superior. “Vemos primero que los que quedan, los estudiantes que no alcanzaron a leer, nunca logran el nivel adecuado en el resto de su trayectoria escolar. Tienen mucho menos probabilidades, tienen como 10 puntos menos de probabilidad de egresar de cuarto medio a tiempo que su compañero de curso”, explicó Claro, añadiendo que “en la universidad se traduce en que hay menos probabilidad de que prosigan estudios, incluso tres años después de esa fecha de ingreso”.

A este rezago curricular se suma un profundo deterioro en la salud emocional y la autoestima de los menores al avanzar de nivel sin las competencias necesarias. “El niño piensa que es su culpa que no sabe leer, que él es tonto, o que él no tiene la capacidad, y esto lo empieza a sentir ya en segundo básico, aunque nadie se lo diga”, relató la académica de la Universidad Católica. Asimismo, puntualizó que “el profesor de tercero básico no está esperando enseñarte a leer, entonces si tú llegaste sin esa habilidad, muchos no se dan cuenta, porque adquieren una habilidad increíble para, como se dice en Chile, pasar piola: no leen en voz alta, tratan de que nadie se dé cuenta que no saben leer, y el profe está trabajando con el nivel que tiene que trabajar, que es asumiendo que ya todos leen en tercero básico”.

En cuanto a las raíces estructurales de esta brecha, la experta apuntó tanto a las desigualdades de origen en los hogares como a severas falencias en la formación universitaria de los profesores de educación general básica. “Viene la brecha de conocimiento docente, es algo que fuimos descubriendo con el tiempo, nos dimos cuenta que en muchas universidades ya eso no se enseña. No les enseñan a cómo enseñarle al niño a leer”, afirmó Claro, precisando que en las facultades “hay un curso sobre lenguaje, didáctica del lenguaje y todo, pero tiene que cubrir todo. Entonces la especialidad de primero básico, que se requiere un método muy sistemático, muy estructurado, no es como que lo vas a poder cubrir así en un curso más genérico”.

Para identificar soluciones concretas dentro de la sala de clases, la red Por un Chile que Lee —con el apoyo de diversas instituciones y de la Agencia de la Calidad de la Educación— analizó un universo de más de 3.500 establecimientos pertenecientes a sectores socioeconómicos medio y bajo, los cuales concentran el 65% de la matrícula nacional. “Buscamos todos los establecimientos que lograran más del 70% de estudiantes leyendo por tres años seguidos. Analizamos un poco más de 3.500 y encontramos 20, no encontramos más, no es que seleccionamos a 20”, reveló la cofundadora de la iniciativa tras visitar dichas escuelas públicas y subvencionadas, tanto urbanas como rurales.

El estudio de estos 20 casos de éxito permitió determinar que, más allá de las diferencias de tamaño o recursos, todos comparten un clima escolar positivo, alta asistencia, liderazgo directivo y una estrategia pedagógica definida desde principio de año que no queda al arbitrio de cada docente. “Todos tienen la meta de enseñar a leer en primero básico. Y todos te dicen: ‘Acá lo hacemos todo, todo lo que sea posible para asegurar que todos lleguen a primero básico ya leyendo, pasen a segundo básico leyendo’. Y para eso se involucran todos de nuevo, todos los actores y todos los docentes. Si hay un niño que no está leyendo en el hogar, el jefe de la Unidad Técnico-Pedagógica (UTP) te dice: ‘Tráemelo en la hora de almuerzo. Yo le leo todos los días’, entonces, hasta que logran que pase algo en el hogar”, destacó Claro sobre las prácticas de estas comunidades, donde se emplean métodos sistemáticos de decodificación como el silabario Matte, Leo Primero, Mundiletras o el de la Fundación CMPC.

Finalmente, la investigadora subrayó la urgencia de reaccionar de manera temprana frente al rezago mediante tutorías, mayor acceso a libros y evaluaciones oportunas impulsadas junto a los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP), advirtiendo que esperar a los resultados del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE) en cuarto básico resulta tardío. “Nuestro SIMCE nos avisa cuando ya fracasamos, lo importante es prevenir el fracaso, entonces estar antes a tiempo, partir, incluso hay algunos colegios que parten en kínder ya diagnosticando para tener el apoyo, asegurarlo de inmediato”, sostuvo Claro, valorando además la implementación nacional de la prueba Impulso Lector en segundo básico: “Ahora vamos a volver a medir comprensión de lectura, pero además vamos a medir estos subprocesos que te van a dar un poquito más debajo del iceberg, por qué no están entendiendo el texto, eso es clave”.

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