“Es una nueva era de las profesiones y ahí es donde hay oportunidad”. Con estas palabras, la ministra de Ciencias, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Ximena Lincolao, vislumbra un giro para disciplinas históricamente castigadas por el mercado laboral.
Lejos de la amenaza de la automatización, la autoridad afirmó en el podcast Cómo te lo explico el pasado 19 de agosto que la inteligencia artificial (IA) puede abrir nuevas oportunidades concretas para profesionales de las humanidades. Según explicó, las habilidades de estos especialistas ahora son vitales: “Hay trabajo específicamente para personas que tienen mucho dominio del lenguaje (…) o que tengan mucho dominio de cómo comprender hasta dónde puede llegar una herramienta”.
La ministra incluso proyectó una reconversión laboral hacia el área corporativa, asegurando que “los profesores también tienen mucha oportunidad de convertirse en vendedores o servicio al cliente”. Su argumento es que las compañías necesitan personas capaces de explicar la tecnología y adaptar procesos, dado que “ese software de IA va a reemplazar procesos y, si tú lo pones sobre un proceso antiguo, no va a ser una buena mezcla. Al entrenar a los que compran hoy en día inteligencia artificial, tú tienes que ayudar a repensar”.
La mirada de la ministra apunta, precisamente, a que el debate no pasa solo por la cantidad de empleos existentes para quienes estudian humanidades, sino también por cuáles serán las nuevas tareas y espacios profesionales que puedan surgir a medida que la IA transforma la forma en que las organizaciones trabajan. En carreras vinculadas al lenguaje, la traducción, la escritura y el análisis social, ese cambio ya comenzó a sentirse.
La irrupción de la IA
En disciplinas como Traducción e Interpretación, el impacto ya es estadístico. Esta carrera apenas supera el 40% de empleabilidad universitaria al primer año. Algo que César Cisternas, coordinador del Observatorio de Investigación y Formación en Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de La Frontera (UFRO), atribuye a que “es una carrera muy amenazada por el avance de las tecnologías de traducción automática y, más recientemente, de la inteligencia artificial”.
Pero el impacto de la IA no se limita a aquellas tareas que pueden ser automatizadas. Para Juan Francisco Herrera, doctor y docente de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile, la amenaza también alcanza una dimensión cognitiva: las humanidades tienen al lenguaje como uno de sus principales espacios de trabajo, mientras las nuevas herramientas son cada vez más capaces de generar y simular narrativas, argumentos y relatos propios del quehacer humanista. “La posibilidad de que el ser humano pierda su perspectiva, su voz propia (…) genera un ser humano que ha perdido su voz, su lugar dentro del ejercicio de una ciudadanía”, alertó.
No obstante, los académicos coinciden en que este complejo escenario puede ser transformado en una oportunidad política e intelectual. Cisternas aclaró que la IA no puede reemplazar la capacidad de análisis de un cientista social, pero sí acelerar tareas rutinarias como síntesis de fuentes o procesamiento de datos.
“La inteligencia artificial no puede reemplazar la capacidad de análisis de un cientista social o un humanista, pero sí puede reducir enormemente los tiempos de tareas como la búsqueda y síntesis de fuentes de información, algunos procedimientos de depuración de bases de datos, traducciones rápidas, transcripción de audios, entre otras tareas”, dijo el académico de la UFRO.
Raúl Villarroel, decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades (CFH) de la Universidad de Chile, descartó que la IA deba ser entendida únicamente como una amenaza y la define como un nuevo espacio y desafío de reflexión. “Las humanidades en este momento tienen el deber de ponerse por delante de la historia y de advertir respecto de cuál es ese destino al cual nos estamos conduciendo”, sentenció el decano.
Humanidades frente al mercado
La proyección que hacía la ministra se da en un mercado donde la inserción laboral de las distintas disciplinas está lejos de ser homogénea. Ahora, la educación superior se ha masificado en Chile, pero las oportunidades laborales no se distribuyen de igual manera entre las distintas carreras. Las cifras de empleabilidad dan cuenta de una brecha especialmente marcada para algunas disciplinas humanísticas.
Según el último estudio del Observatorio de Investigación y Formación en Ciencias Sociales y Humanidades del Núcleo de la Universidad de La Frontera (UFRO), un administrador público egresado de un instituto profesional entra al mercado laboral con un 98,2% de empleabilidad al primer año, mientras que un licenciado en letras alcanza apenas el 34,8% en el mismo periodo.
A principios de la década pasada, Chile alcanzó una cobertura de educación superior mayor al 50% en la población joven. Hoy, esa masificación convive con un crecimiento económico que promedia un 2,14% en los últimos diez años, provocando un escenario de alta desocupación para profesionales. En 2025, de los 151 mil licenciados que egresaron, el 16,4% provino de las áreas de ciencias sociales y humanidades, según cifras del mismo estudio.
Pero la menor empleabilidad de las humanidades no necesariamente responde a una falta de pertinencia de sus conocimientos. Para el decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades (CFH), el problema no está en las mallas curriculares, sino en la lente con la que se mira. Según el académico, creer que las carreras humanísticas tienen menor empleabilidad responde a que no obedecen a productos tangibles, sino que pertenecen al ámbito del pensamiento y la crítica. “Ha permeado la conciencia del público un criterio economicista que define a la vida por el rendimiento económico”, sostuvo Villarroel.
En esa misma línea, Herrera concordó en que la economía actual propicia la delegación de tareas y resta valor a la reflexión profunda. “El pensamiento crítico a veces perturba el desarrollo de las acciones de la economía; no se requiere estar poniendo en duda lo que el gerente señala respecto a cómo levantar una empresa en determinado lugar, sino que más bien se requiere que alguien actúe conforme a la dinámica que se está desarrollando“, apuntó.
Administración Pública es una de las carreras del área que escapa a esta tendencia. Según explicó Cisternas, su empleabilidad se vincula “con la formación especializada en ámbitos relacionados con tareas complejas de la gestión estatal como el diseño, implementación, evaluación y seguimiento de programas y políticas públicas. Egresados de algunas otras carreras de ciencias sociales podrían, eventualmente, desempeñar funciones similares, pero tendrían que acumular cierta experiencia en instituciones estatales para captar la lógica de los procesos de la administración pública, pues el foco de su formación tiende a ser más disciplinar, sin tanta instrucción en el funcionamiento concreto de las organizaciones del Estado chileno”.
El desafío de las humanidades radica en una paradoja: mientras la IA transforma tareas vinculadas al lenguaje, la creciente tecnologización vuelve más necesario reflexionar sobre sus efectos y orientar su desarrollo. Su valor no estará en competir con las máquinas, sino en aportar una mirada crítica capaz de preguntarse para qué y al servicio de quién se utiliza la tecnología. Así, más que adaptarse al futuro, las humanidades tienen el desafío de pensarlo.
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