Columna de María Jesús Aldunate: La pobreza también habla de nosotros

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Podemos medir la pobreza, conocer su magnitud y diseñar políticas para enfrentarla. Sin embargo, hay algo que las cifras difícilmente consiguen por sí solas, y es acercarnos a la experiencia de quien la vive. La vergüenza de pedir ayuda, el estigma, la soledad o la sensación de que las oportunidades están reservadas para otros, forman parte de una realidad que podemos estudiar durante años sin llegar a comprender del todo.

Quizás una de las paradojas de la pobreza es que queremos erradicarla mirándola desde lejos, como si fuera un problema que les ocurre a otros y cuya solución también corresponde a otros. Acercarnos a quienes la viven es fundamental para construir respuestas que reconozcan sus necesidades, pero también sus capacidades y aspiraciones.

Eso fue parte de lo que ocurrió en el Encuentro 3xi «Pobreza, mucho más que no tener», que reunió a 457 personas de distintos ámbitos en la Estación Mapocho. Personas que viven la pobreza, que la estudian, que trabajan para enfrentarla o que toman decisiones que inciden en ella se sentaron a conversar. Llegaron con experiencias, conocimientos y perspectivas diferentes. Escuchar permitió ampliar la mirada, cuestionar algunas certezas y reconocer preocupaciones compartidas.

La pobreza también habla de nosotros: de nuestra dificultad para salir de nosotros mismos e ir al encuentro de otro, especialmente cuando su realidad nos duele, nos pesa o nos incomoda. Podemos conocer los estudios y compartir un diagnóstico, pero comprender exige también acercarnos, escuchar y dejarnos interpelar. Parte de lo que ocurrió en este encuentro fue precisamente eso: la pregunta dejó de ser solamente qué hacemos frente a la pobreza y pasó a ser también cómo nos relacionamos con quienes la viven.

La pobreza tiene una dimensión económica que debemos medir con rigor. Los ingresos determinan el acceso a bienes y servicios esenciales, y las cifras son indispensables para diseñar políticas eficaces y evaluar sus resultados. Pero también hay experiencias, como el debilitamiento de los vínculos, el trato que reciben las personas o las oportunidades que parecen siempre fuera de su alcance, que merecen atención. Escucharlas ayuda a reconocer barreras que muchas veces pasan inadvertidas y que perpetúan la pobreza.

La conversación también puso de relieve que la inclusión se juega en la vida cotidiana. Una persona puede recibir una prestación y seguir sintiéndose excluida; puede acceder a un servicio y encontrarse con una institución que no reconoce su situación. Las políticas públicas son fundamentales, pero su efecto también depende de cómo se implementan, del trato que reciben las personas y de las posibilidades que tienen de participar en las decisiones que afectan sus vidas.

Una sociedad que aspira a erradicar la pobreza debe preguntarse qué queremos cuidar, qué vínculos estamos promoviendo y sosteniendo, qué oportunidades estamos abriendo y quiénes pueden realmente acceder a ellas. Así como también qué responsabilidad estamos dispuestos a asumir para que eso ocurra. Las condiciones en que las personas viven, las redes con que cuentan y sus posibilidades de aprender, trabajar y desarrollar sus capacidades hacen una diferencia. El esfuerzo individual importa, pero necesita condiciones concretas para dar frutos.

Quienes participamos en el encuentro no representamos a todo Chile ni salimos de allí con una fórmula única para resolver la pobreza. Pero pudimos comprobar que personas con trayectorias y visiones distintas pueden escucharse, descubrir preocupaciones comunes e identificar posibilidades de colaboración sin tener que pensar igual. El diálogo no sustituye las decisiones ni resuelve por sí solo las diferencias. Puede ayudarnos a comprender mejor los problemas y a reconocer qué nos corresponde hacer a cada uno para enfrentarlos.

Este 17 de octubre, Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, el desafío es dar continuidad a lo que comenzó en la Estación Mapocho. Que las experiencias escuchadas y las posibilidades de colaboración encuentren expresión en decisiones públicas, prácticas empresariales y acciones de las organizaciones y comunidades.

Erradicar la pobreza exige políticas eficaces, recursos y continuidad. También exige que dejemos de verla como una realidad ajena. Cuando nos encontramos con quienes viven experiencias distintas de las nuestras, la pobreza deja de ser solamente una cifra o un problema que observamos desde fuera. Nos interpela sobre la sociedad que estamos construyendo y sobre lo que cada uno puede hacer para transformarla.


María Jesús Aldunate es directora de Encuentros de 3xi

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