El exministro de Relaciones Exteriores, Ignacio Walker, en el contexto de la coyuntura internacional tras el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, y en medio de la controversia generada por el proyecto del cable submarino chino, analizó los desafíos que enfrentará el gobierno entrante respecto a la política exterior.
El exministro de Relaciones Exteriores, Ignacio Walker, analizó en CNN Prime los efectos del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, ocurrido el pasado 28 de febrero.
Desde su perspectiva, el primer test de política exterior que enfrentará el presidente electo, José Antonio Kast, será la reunión que se realizará el sábado 7 de marzo en Miami, encabezada por Donald Trump, y en la que también participarán Javier Milei (Argentina), Santiago Peña (Paraguay), Rodrigo Paz (Bolivia), Nayib Bukele (El Salvador), Daniel Noboa (Ecuador) y Nasry Asfura (Honduras).
“Entonces, la pregunta es: ¿el gobierno entrante va a contribuir a politizar e ideologizar la política exterior chilena? ¿O vamos a tratar de rescatar esta definición de una política exterior como una política de Estado? La primera prueba será este sábado en la reunión con el presidente Trump en Florida”, sostuvo.
En ese sentido, afirmó que este encuentro “no es inocente ni neutral”, dado que convoca a un grupo selecto de países bajo una doctrina de seguridad nacional que plantea al hemisferio occidental como zona de influencia.
“Fíjese lo que le tocará en los primeros treinta días al presidente entrante: primero, la eventual candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas; segundo, el cable submarino; tercero, la guerra en Irán. Entonces, el sábado 7, cuando tenga lugar esta reunión —que no es inocua ni permite neutralidad— y cuando Estados Unidos les está diciendo a estos países ‘elijan: ellos o nosotros’, veremos cómo define su política exterior el presidente entrante.
Creo que tiene dos posibilidades: o reafirma la autonomía y la soberanía de Chile, entendiendo la política exterior como una política de Estado, o este acto se transforma —como ya ha ocurrido este año— en una suerte de besamanos ante una potencia hegemónica dirigida por Donald Trump, quien tiene una afinidad político-ideológica evidente con el presidente entrante”, concluyó.