Eduardo Sepúlveda: “En Chile y en otros países del mundo, el ‘octubrismo’ sigue vivo”

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Eduardo Sepúlveda: “En Chile y en otros países del mundo, el ‘octubrismo’ sigue vivo”

Como hemos visto estos días de octubre, el “octubrismo” sigue vivo. En Chile y en otros países del mundo.

Ayer, 18 de octubre, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, en cadena nacional, se refirió a los hechos de violencia que ocurrieron en su país y que vimos, con estupor, en televisión y redes sociales. Imágenes que nos recordaron nuestro propio 18 de octubre de 2019. Las escenas eran casi idénticas.

El presidente Macron dijo que “grupúsculos de extrema izquierda, a los que se sumaron numerosos delincuentes, saquearon tiendas y destruyeron edificios públicos”.

Después, Macron agregó que “al ver estas imágenes, todos nos hemos preguntado cómo es posible que haya franceses que le hagan esto a Francia. Nada lo explica, nada lo justifica, nada lo excusa. Esta noche, todos sentimos rabia y vergüenza”.

Ayer, en Santiago de Chile, también aparecieron grupos violentos que actuaron igual que en el estallido. Los mismos atuendos, los mismos métodos. No los vimos mucho durante los cuatro años del gobierno del presidente Gabriel Boric, pero ahora están de vuelta con más violencia.

Hay voces que, a propósito del nuevo aniversario del 18 de octubre, llaman a no quedarse en la mera condena a la violencia, sino también a ver las causas del descontento.

Ok. Pero lo primero es condenar la violencia. Tal como en Estados Unidos, el propio expresidente Barack Obama llamó a no usar la violencia como método de protesta contra Donald Trump luego del homicidio de George Floyd por un policía en Minneapolis. Eso fue clave para evitar un estallido en Estados Unidos.

En Francia, en India, en España y en Chile se ha activado la violencia callejera en este mes de octubre. Eso no es tan raro. Tampoco es extraño que en los países haya razones para sentir descontento e incluso rabia. Nada de esto es nuevo.

Lo que hace la diferencia es cómo los dirigentes políticos, los líderes de opinión, los intelectuales y hasta nosotros, los periodistas, reaccionamos frente a la violencia como forma de acción política o social. ¿Lo consideramos completamente inaceptable o lo toleramos? O, lo que es peor, ¿la usamos para favorecer nuestras ideas o nuestros espacios de poder?

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