Una poderosa ilusión recorre a las izquierdas: la de su poder movilizador y de ocupación de la calle.
Por estos días, las izquierdas se encuentran movilizadas en tres países. Es así como en Brasil, las manifestaciones a favor de Lula son de magnitudes colosales, a la espera de torcer el destino de una compleja segunda vuelta electoral en contra del candidato de todas las derechas hegemonizadas por su ala más ultra, liderada por Flávio Bolsonaro.
Lo mismo ocurre en España, en donde el PSOE y otras pequeñas fuerzas de izquierdas están viendo en la movilización de más de 40 colectivos indignados por el precio de las viviendas una expresión virtuosa del pueblo movilizado: llevan varios días de acampada en la Plaza del Sol, en Madrid.
Volvamos ahora la mirada hacia Francia. Centenares de miles de personas protestan en las calles desde hace días por el costo de la vida y el deterioro de los servicios públicos, una razón para la ira popular a la que hay que poner atención porque se repite en muchos países.
En el caso francés, la violenta radicalidad de sus elementos más ultras y anarquistas (los BLACK BLOCS), pero también de jóvenes franceses de segunda y tercera generación de inmigrantes que no han logrado integrarse en el singular modelo republicano galo, reduce a cenizas no solo autos y tiendas saqueadas: lo que esta radicalidad inorgánica destruye son las fundaciones de las demandas de quienes protestan pacíficamente. El candidato presidencial de izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon, ve en todo esto una expresión redentora del pueblo, sin discriminar.
El denominador común de estos tres casos que convergieron en la simultaneidad del calendario es que, muy probablemente, todos terminarán en sendas derrotas electorales, a manos de derechas duras y rudas, aliadas o protagonizadas por protofascismos.
Esto plantea el problema de la disociación entre la movilización social y la movilización electoral. Qué duda cabe: ambas son importantes. Pero, hasta prueba de lo contrario, es la movilización electoral la que origina el poder político, y es en este plano en donde las izquierdas están naufragando.
Este fenómeno se observa desde hace años: hoy es evidente porque estos tres casos convergen en una sola línea de tiempo.
Vaya tiempos históricos los de hoy.
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