No son buenas noticias para el país las de la encuesta Casen. Y tampoco para el gobierno de Bachelet que prometía un Chile más igualitario.
Pueden discutirse las cifras de pobreza en su significado y magnitud. Y también la importancia de que el índice Gini pasara del 0,493 a 0,501. Unos dicen que no es estadísticamente significativo, a otros les parece que algo indica.
Lo que es indiscutible es que la desigualdad no cayó. Y ésa no fue ni la promesa de campaña, ni la conclusión que se sacó una vez terminada la anterior administración.
Hay que tener personalidad para reaccionar como hicieron desde la actual oposición diciendo que mientras no cambiara el modelo económico no iba a haber mayor igualdad.
Ni idea si ese cambio es la solución, pero parecen olvidar que durante largos años ellos gobernaron y nunca ofrecieron abolir el sistema económico vigente.
Sabemos que el gasto social es necesario y que con el crecimiento no basta. Pero sigue pendiente la pregunta de cuáles reformas nos harán un país con menos diferencias y más movilidad social.
Más allá de eso, las políticas de cada administración serán medidas por las cifras con las que termine. El 2015 el 10% más rico ganaba 33,9 veces lo que el 10% más pobre. Dos años después la brecha llega a 39,1 veces.
A pesar de las promesas, tras el gobierno de Bachelet, los poderosos de siempre (también en términos de poder adquisitivo) siguen siendo los mismos.
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