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Pidió perdón. El Papa volvió a pedir perdón, esta vez reconociendo haber cometido graves equivocaciones de valoración por no tener información veraz y equilibrada. Era evidente que decir que las víctimas de Karadima calumniaban al obispo Barros, resultaba a lo menos eso, un error.

Y un error cometido por una falta de información que Jorge Bergoglio pudo haber tenido si, por ejemplo, cuando estuvo en Chile hubiera accedido a reunirse con los abusados por el ex párroco de El Bosque.

Se avanza un paso, aunque lento. Francisco hoy sí reconoce que los afectados hablaron con honestidad e invita a las víctimas de Karadima a reunirse con él.

Si se mantiene coherente con este cambio de tono contenido en su carta, el remezón tras la cita que anunció con los obispos chilenos debiera ser de proporciones. Parecería absurdo que si ya se reconoce el daño a las víctimas y el error de valoración, no se tomaran medidas radicales.

Pero para que el perdón sea reparador tiene que venir acompañado de actos como pareciera anunciarse. El compromiso real con un Nunca Más estará dado por si no sólo los abusadores, sino también sus encubridores son castigados, si la Iglesia Católica lleva a los responsables a tribunales cuando sea posible, si se repara a los fieles de Osorno a los que en 2015 el Papa insultó llamándolos tontos por rechazar al todavía obispo Barros.

Sólo con pasos así se avanzará en un verdadero Nunca Más.

 

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