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La calificó de improvisada, de condenar a los pasajeros a un mal servicio… y en línea con las decisiones drásticas, hoy la ministra de Transportes declaró DESIERTA la licitación que renovaría la
mitad de la flota este año… Borrón y cuenta nueva.

Pese al ajuste de cinturón, el gobierno decidió PAGAR los costos que significarán extender los contratos de las empresas que expiraban en dos meses más, pero, como dijo Gloria Hutt, NO ponerse una camisa de fuerza por diez años, que replicaba el modelo que critican.

Y si en su campaña Sebastián Piñera juraba acabar con el TranSantiago, la nueva promesa es que la licitación se concrete antes de fin de año, que se achiquen las zonas que hoy recorren los buses, que aumente la frecuencia para los usuarios, que las empresas puedan renovarse en menores plazos y que el gobierno pueda cambiar a los operadores que no funcionen.

Un sueño que sin embargo extiende la pesadilla que muchos sufren, porque este 2018 no habrá buses nuevos, ni eléctricos, ni con wi fi. Dependerá de la gestión que la pesadilla no se extienda más allá del 2019.

El desafío de la ministra será diseñar un nuevo proceso de licitación, pero no en tres años, sino en uno. Que incentive la competencia y que beneficie al usuario, que de paso, está pagando 20 pesos más desde febrero.

Es difícil encontrar evaluaciones neutrales. Cada experto está en una micro distinta según su color político. Como en la vida, no hay blancos, ni negros. Por ahora nos sacamos la camisa de fuerza, pero seguimos arriba de la oruga.

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