Chappell Roan bajó el telón de Lollapalooza Chile 2026 como lo que ya es: Una estrella de festivales

Por CNN Chile

16.03.2026 / 00:55

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La cantante estadounidense debutó en Chile como número de cierre de Lollapalooza 2026 y respondió a la expectativa con un show donde hits, teatralidad y control escénico terminaron por convertir “Pink Pony Club” en el verdadero final de la edición nacional del festival.


A estas alturas, ver a Chappell Roan en un festival ya se siente como una de esas postales inevitables del pop actual.

No solo porque viene encadenando presentaciones cada vez más masivas, sino porque varias de ellas ya entraron en la conversación grande de la temporada festivalera desde 2024: su paso por el Governors Ball de Nueva York, con un look inspirado en la Estatua de la Libertad, ayudó a consolidar su imaginario visual. En Lollapalooza Chicago, en tanto, la organización habló de su actuación como la mayor convocatoria diurna que habían visto. Y en Outside Lands, donde se viralizó por reprender en vivo al sector VIP por no bailar con el mismo ánimo que el público general,  volviendo a confirmar que sus sets funcionan como un ritual colectivo donde el público también sabe exactamente a qué va.

Por eso, su debut en el país, que también cargaba con el peso del de Lollapalooza 2026, tenía algo de cita obligada.

Y la verdad es que no defraudó. Chappell Roan salió al Cenco Malls Stage pasadas las 22:30 horas, en la jornada final de un festival que reunió cerca de 80 mil personas por día y horas antes, ya había confirmado su regreso al Parque O’Higgins para 2027.

Desde las primeras horas de la tarde había expectativa. Varias personas en el público maquilladas o vestidas en sintonía con el universo conceptual de sus discos y videos musicales. En el ambiente se percibía esa sensación de que el cierre del festival caía en manos de una artista que entendía muy bien cómo convertir un repertorio pop en un verdadero acontecimiento.

Con una estructura muy apoyada en The Rise and Fall of a Midwest Princess (2023), el disco con el que terminó de afirmarse como una de las figuras más reconocibles del pop reciente, el arranque fue con Super Graphic Ultra Modern Girl, una apertura precisa para instalar el tono desfachatado, teatral y filoso del show.

Después vinieron Femininomenon y After Midnight, y ahí ya estaba claro que el concierto no iba a sostenerse solo en la novedad o en el personaje, sino en algo mucho más importante: presencia escénica real. En esta última, de hecho, se le vio particularmente luminosa, saludando con la mano, sonriendo seguido y respondiendo a un público que, desde temprano, estaba completamente entregado.

Naked in Manhattan mantuvo la atención sin necesidad de bajar la intensidad, mientras las letras melancólicas de éxitos como Casual y The Subway brindaron escenas donde el show respiró un poco más y dejó ver que, debajo del despliegue visual, hay una artista que también sabe controlar diferentes atmosferas.

HOT TO GO! era, por supuesto, uno de los grandes puntos de espera de la noche, no solo por el tamaño del hit, sino porque esa coreografía ya se volvió una marca registrada de sus shows en festivales. Y pasó lo que tenía que pasar. Desde las primeras filas hasta quienes observaban cien metros más atrás y ya en el pasto frente al Cenco Malls Stage, parecieron entrar en ese código compartido que sus conciertos vienen perfeccionando desde 2024.

Barracuda, el cover hard rock de Heart que siguió después, funcionó justamente porque rompió un poco la inercia del set sin sentirse ajena al resto y brindó especial atención a las cuerdas eléctricas de su banda. Y en el tramo restante, Picture You, Love Me Anyway, The Giver, Red Wine Supernova, Coffee, Good Luck, Babe!, My Kink Is Karma terminaron de redondear un cierre que fue creciendo sin perder foco.

Y cuando llegó Pink Pony Club; con coro replicado a tono estruendoso entre el público y fuegos artificiales incluidos. Ahí, Chappell Roan encontró esa mezcla exacta entre desborde pop, teatralidad y comunión que hoy define sus shows más recordados. Fue la canción precisa para convertir el cierre en una escena total, con el público completamente rendido a esa fantasía luminosa, eufórica y un poco insolente (como cuando, minutos antes, mencionó a Argentina y no hubo filtro de por medio que disfrazase su sorpresa ante los repentinos abucheos) que ella ha sabido volver marca propia en sus presentaciones.

Con una tercera jornada que había tenido nombres fuertes como Marina, Skrillex y Lewis Capaldi, el fin de Roan llegó en el punto exacto donde el pop del cartel necesitaba una coronación. Y ella supo asumir ese lugar mejor que nadie.