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(CNN) – A medida que el huracán Harvey se arremolina a través del Golfo de México, dirigiéndose hacia la costa de Texas, se podría convertir también en una prueba de fuego para medir las capacidades del presidente Donald Trump como comandante en jefe.

En un instante, los desastres naturales pueden convertirse en momentos determinantes de una presidencia y el huracán Harvey –que este viernes se convirtió en el primero de categoría 3 (luego subió a 4) en tocar Estados Unidos en los últimos 12 años– podría ser la primera gran prueba de fuego para Trump, al medir sus capacidad de manejar una gran catástrofe natural.

El gobierno de Trump se ha preparado durante meses para lo que se ha predicho será una temporada de huracanes especialmente intensa, pero la ráfaga de Harvey está soplando hacia EE.UU. en medio de varias preguntas sobre puestos que todavía están sin ocupar en cargos importantes del gobierno, incluyendo la dirección de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés).

El Departamento de Seguridad Nacional, que supervisa a la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), y la Guardia Costera de EE.UU. también están sin líder permanente, después de la decisión de Trump de retirar al general John Kelly de su puesto como jefe del Departamento de Seguridad Nacional para convertirse en el secretario general de la Casa Blanca. A Kelly lo está reemplazando Elaine Duke, pero no ha sido nombrada en propiedad.

Duke no es la única funcionaria provisional que lidera una entidad que maneja un aspecto fundamental de la respuesta del gobierno federal a los desastres naturales.

La elección de Trump para la FEMA fue confirmada en junio, pero funcionarios de la NOAA siguen esperando que el presidente postule a alguien que lidere esa agencia de monitoreo del clima.

Además de estos problemas, el Centro Nacional de Huracanes sigue llenando aplicaciones para el cargo de director permanente, luego de que el último renunció en mayo.

El teniente general retirado Russel Honoré, quien ayudó a organizar las tareas de socorro tras el paso del huracán Katrina, en el 2005, dice que está preocupado por el hecho de que la NOAA tenga un líder provisional cuando la temporada de huracanes llega a su punto más intenso y dice que una agencia federal no puede darse el lujo de tener un director temporal, porque así no puede crear un equipo.

“Una persona temporal no tiene la autoridad”, dice Honoré.

Un vocero de la NOAA dijo este viernes que la agencia está “completamente preparada para la temporada de huracanes” y que está lanzando nuevos y mejorados servicios.

Los texanos que viven en la costa se abastecieron con víveres para estar listos para la llegada del huracán Harvey.

Trump y la Casa Blanca están monitoreando de cerca la tormenta.

En la mañana de este viernes, Trump tuiteó que monitorea de cerca el huracán Harvey y está listo para ayudar si es necesario, y en la tarde tuiteó que había sido informado al respecto por Long, Duke y su consejero de seguridad nacional, Tom Bossert. Bossert trabajó antes en la FEMA y supervisó el plan de preparación ante emergencias de la Casa Blanca durante el mandato del presidente George W. Bush.

Los meteorólogos predicen que esta temporada de huracanes será mucho más agresiva que lo normal. Y a medida que Harvey se acercaba a Estados Unidos, Long le dijo este lunes a Bloomberg News que se está preparando para el impacto.

Según el Centro Nacional de Huracanes, el último huracán de categoría 3 en tocar EE.UU. fue Wilma, en octubre del 2005, pero es otro huracán, que tocó tierra meses antes, el que sigue en las mentes de los funcionarios del gobierno involucrados en la preparación para atender desastres naturales.

Se trata del huracán Katrina, que golpeó a Nueva Orleans en agosto del 2005 y se convirtió en un momento determinante de la presidencia de Bush, cuya respuesta al desastre estuvo marcada por una serie de errores en cuanto a la preparación y la mala gestión, que hicieron que la aprobación del presidente cayera en picada y llegara al récord más bajo.

La desastrosa respuesta a ese huracán llevó a la renuncia del director de la FEMA y a que murieran más de 1.800 personas y miles más quedaran desamparadas en Nueva Orleans.

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