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Es un fenómeno que cada vez se hace más común en distintos rincones del mundo. Pasa en el Everest, pasa en Ko Phi Phi Lee (Tailandia), pasa en Isla de Pascua. El sobreturismo es una de las nuevas preocupaciones para un sector que parecía inagotable.

En el Everest se ha multiplicado el número de agencias de viaje y los escaladores tienen que subir en filas interminables; en Venecia llegan miles de personas en buque a saturar sus estrechas calles; en Amsterdam ya optaron por dejar de promover la ciudad turísticamente; mientras que en Machu Picchu existe un límite de personas que pueden acceder a la cuidad inca diariamente, misma medida que se estudia para Torres del Paine en el sur de Chile.

Los efectos del sobreturismo son medioambientales como también económicos. Cuando los turistas empiezan a invadir las ciudades, sube el precio de las propiedades, los residentes cambian de hogar y el pequeño comercio se queda sin clientes.

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En Última Mirada, el analista internacional Raúl Sohr sostuvo que “en algunos lugares hay un sentimiento antiturístico bastante fuerte por parte de la población local. El turista, para el local que no está ganando dinero con eso, es un estorbo”.

“La gota que colmó el vaso son los chinos”, agregó. El turismo por parte del gigante asiático ha aumentado de manera exponencial. Se calcula que hay cerca de 1.500 millones de personas que hacen turismo en el extranjero y gastan millones de dólares.

Si esto se deja en manos del mercado, lo que va a pasar es que los que tienen recursos van a poder pagar, te van a cobrar más y eso va a ser una suerte de selección natural”, advirtió el experto.

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