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El 2 de febrero pasado despertamos con una trágica noticia. Un bus, que trasladaba a una delegación deportiva chilena, volcó en territorio en camino a Mendoza.

Tres niños murieron en esa tragedia y otras 30 personas resultaron heridas. Las sospechas iniciales apuntaban al exceso de velocidad del chofer y a su imprudencia en una zona de curvas como las principales causas del volcamiento.

Hoy, se sumó otro antecedente: el conductor consumió cocaína y marihuana antes del viaje. El Fiscal trasandino dio a conocer el resultado de los exámenes toxicológicos, que hace aún más amarga la tragedia.

Los accidentes siempre son evitables, pero aquí hay una negligencia inexcusable del chofer. Y de la misma empresa, que debe hacerse cargo de estos temas.

El consumo de dorgas no se trata, como explicaron desde Meltur, de un asunto “de la vida privada”. No puede ser tratado así en un rubro que tiene a su cargo la vida de decenas de personas.

Desde el gremio se defienden asegurando que no pueden obligar a la realización de exámenes de consumo de drogas y que logísticamente resultaría imposible. Pero quizás hay un vacío legal en una industria de transporte que ha dado largas muestras de irregularidades en el pasado, con jornadas laborales excesivas o malas condiciones de descanso para sus choferes.

Pero más allá del sector, el tema del consumo de drogas en las empresas debe ser abordado de otra forma. Según un estudio publicado el año pasado, el consumo de drogas subió por segundo año consecutivo. Y pasó de 10 a 14% entre 2014 y 2016 en las empresas que no realizan trabajos de prevención o exámenes periódicos.

Construcción, Comercio y Servicios son los que tienen mayores niveles en ese segmento, revelando que el consumo es un problema transversal que requiere un nuevo enfoque dentro de los planes de prevención de drogas a nivel nacional. 

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