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Tiene amplia experiencia como jefa de cadetes, diplomas de la FIFA y de sicología deportiva y especialización en clubes como el Barcelona.

Pero eso no bastó. Ante la oposición de dirigentes y futbolistas, el presidente de Santiago Morning desistió de nombrar a Paula Navarro como entrenadora del primer equipo. Será… la ayudante.

El capitán del plantel dijo que sería «incómodo» tener a una mujer en el camarín. Colegas de Navarro opinaron que ésta es una «actividad demasiado ruda» para una mujer o que «la mentalidad chilena no está preparada».

O sea, no se la criticó por su capacidad profesional, sino por… ser mujer. En cambio, cuando hombres dirigen equipos femeninos, nadie reclama por la intimidad o posible incomodidad de las futbolistas.

Son excusas, malas excusas. Las mismas que por años esgrimió la Armada para prohibir mujeres a bordo de sus naves. O las que han usado en rubros como la construcción o la minería para mantenerlos casi vedados a la mitad de la población.

Santiago Morning tuvo la oportunidad de hacer historia. Lamentablemente, la hicieron pero para mal. Los prejuicios y el machismo por esta vez ganaron el partido.

 

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