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Un muro. De eso sienten muchos en La Legua que depende su seguridad. No del Estado, no de carabineros, no de la PDI, no de la Justicia.

Porque cuando los narcos se toman tu cuadra, tu barrio o tal vez hasta tu municipio, muchos en diferentes partes de Chile, sienten que están solos.

Entonces, como en La Legua, esos muros que para carabineros impiden su trabajo, para los vecinos son una defensa. Tengan o no razón.

Cuando falla el Estado, cuando pierde la batalla contra los traficantes; cuando parece impotente o ineficaz ante ellos, el narco se fortalece ofreciendo una aparente seguridad.

Cuando la educación te deja pateando piedras, como cantaba Jorge González, la droga parece un camino a autos, joyas, o al menos para un fin de mes con algo en los bolsillos. Por eso no basta con botar un muro, menos sin coordinarlo con los vecinos según denuncia el alcalde Echeverría.

Se trata de abrir pasajes y oportunidades a quienes hoy no las tienen,  perseguir a los grandes traficantes que lavan dinero y darles a los niños algo tan básico a certeza de que salir a jugar en la calle es seguro

 

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