

08/02/2010
08/02/2010
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9 de noviembre de 1989. Diez de la noche en Alemania y por radio el gobierno comunicó una noticia inesperada. Un sueño para muchos que vivían en Berlín divididos física, ideológica y sentimentalmente por un muro de cuatro metros de alto y 165 kilómetros de largo. El portavoz del Politburó de la República Democrática de Alemania anunció sopresivamente que permitía cruzar hacia Berlín Occidental.
Incrédulos, los berlineses del este no tardaron en salir a las calles.Lo que vendría una hora más tarde cambió el mundo.
La euforia reinó entre aquellos que no se veían por casi tres décadas. Fue un hecho que puso fin al comunismo en Alemania y dio paso a aperturas democráticas en el mundo, pero lo que se gestó este día se venía fraguando silenciosamente algunos meses antes.
Impulsados por las políticas de liberalización impuestas por el entonces secretario general del Partido Comunista, Mijail Gorbachov, a partir de 1985 en la Unión Soviética, miles de jóvenes alemanes marchaban pidiendo estos mismos cambios para su país.
En Leipzig y Berlín fueron los movimientos más masivos. Las mismas exigencias se pedían en Europa del este, especialmente en Hungría y Polonia.
Alemania estaba dividida en dos bloques como legado de la postguerra. En el lado oeste, los aliados y en el este, la Unión Soviética.
Fue lo que el ex primer ministro británico Winston Churchill llamó la Cortina de Hierro. Para evitar el éxodo de millones de personas hacia Alemania Occidental, a partir de 1961, la capital alemana también fue separada. En el oeste la democracia y en el oriente, el comunismo.
Familias, terrenos y casas fueron partidas en dos. Con el tiempo aumentó la emigración hacia Berlín occidental. Muchos lograron atravesar el muro pero más de 160 personas murieron en el intento.
Paradójicamente, el derrumbe del muro se realizó de forma pacífica y sin derramar una gota de sangre.
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