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"Esto tiene más cosas dulces que de agraz", asegura Pablo Pozo, quien decidió convertirse en árbitro de fútbol siguiendo la misma profesión y consejos de su padre. El chileno de 36 años es uno de los seleccionados para dirimir partidos en el Mundial de Sudáfrica 2010.
Asegura que los insultos y críticas a los que está expuesto en su oficio no se comparan con las ganancias que obtiene de ella: "tenemos la suerte de conocer prácticamente los cinco continentes por esto del arbitraje, tenemos la suerte de viajar por Sudamérica, tenemos la suerte de viajar por todo Chile. Yo creo que hay cosas más positivas que negativas".
Pozo asegura que no ha recibido presiones de parte de los equipos de fútbol y que la asociación de árbitros de la Fifa es un ente cada vez más poderoso, por lo que sería muy difícil, a su juicio, intentar influir en la decisión de algún juez de fútbol.
Lea la primera parte de esta entrevista
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