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Las células madre deben cumplir con dos características. La primera es que se autorenueven, eso quiere decir que se reproducen generando dos células madre idénticas a ella. Y la segunda es que estas células pueden especializarse, transformándose en un tipo de célula específico (como de la sangre, por ejemplo) o en variados tipos de célula.
Por esta segunda característica muchos especialistas prefieren llamarla célula troncal.
Este potencial de diversificación de las células madre permite que se las pueda usar para trabajar en la cura de enfermedades como el parkinson, la diabetes y la parálisis muscular.
En nuestro país se ha trabajado con células madre adultas, es decir no embrionarias, para desarrollar curas a la ostiogénesis imperfecta y a la llamada "piel de cristal".
El debate ético en torno a la utilización de estas células surge de la obtención de las mismas. ¿De dónde pueden obtenerse? De un embrión, del cordón umbilical o de la médula ósea. Sin embargo algunos biólogos prefieren utilizar las que se obtienen de embriones humanos pues aún no están completamente especializadas lo que les da a las células un potencial mayor para curar cualquier tipo de enfermedad.
Sin embargo otro sector del mundo de la ciencia apunta a que obtener células de embriones es jugar con la vida humana.
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